Un estudio determinó que los parches de nicotina no son eficaces para ayudar a las mujeres embarazadas a dejar de fumar e incluso, quienes lo usaban tenían la presión arterial más alta que aquellas que no los usaban.

Para la investigación se contó con la participación de 402 mujeres embarazadas de Francia las cuales fumaban mínimo 5 cigarrillos diariamente, con un tiempo de embarazo de 12 a 20 semanas. Se seleccionaron aleatoriamente las que iban a usar nicotina de 16 horas y las que usarían placebo inactivo hasta el momento de dar a luz.

Las mujeres participantes recibieron adicionalmente asesoría para dejar de fumar y tenían evaluación cada mes. Se encontró que el 5,5 por ciento de las mujeres que usaron el parche y el 5,1 por ciento de las que usaron placebo dejaron de fumar de manera completa.

El aumento de presión arterial fue significativamente mayor en el grupo de mujeres que probó los parches con nicotina, en comparación con aquellas que usaron el placebo, ante lo cual se recomienda que un factor importante antes de recetar parches de nicotina a embarazadas para que dejen de fumar es la presión arterial.

El autor del estudio, el doctor Ivan Berlin, del Hospital Universitario de la Pitie-Salpetriere de París, señala que dados los resultados deben hacerse esfuerzos por encontrar tratamientos nuevos que puedan ayudar a las mujeres embarazadas fumadoras a dejar el hábito, no sólo a nivel de medicamentos y sino a nivel de terapias de conducta.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista BMJ, en la edición en línea del 11 de marzo.



Un estudio encontró que al estar expuestas las mujeres embarazadas al humo de segunda mano se aumentan una serie de complicaciones a nivel obstétrico, entre las cuales está el aborto espontáneo y que el bebé nazca muerto. Dicho riesgo aumenta a medida que aumenta la exposición al humo.

El estudio desarrollado por investigadores bajo la supervisión de Andrew Hyland del Instituto Oncológico Roswell Park de Búfalo, Nueva York, contó con los datos de más de 80.000 mujeres postmenopáusicas que participaron en el estudio sobre iniciativa de salud en las mujeres.

Las mujeres que participaron de la investigación estuvieron embarazadas al menos una vez, de las cuales el 6,3 por ciento eran fumadoras, el 43 por ciento ex fumadoras y cerca del 51 por ciento no lo eran. Se evaluó cuánto habían sido expuestas al humo de segunda mano desde la niñez hasta su edad adulta, tanto en el hogar, como en el trabajo.

Se encontró que una de cada tres mujeres, tuvo al menos un aborto espontáneo, el 4,4 por ciento tuvieron un bebé nacido muerto y el 2,5 por ciento tuvo embarazo ectópico tubárico, en el cual el óvulo ya fertilizado se adhiere fuera del útero.

Entre las mujeres ex fumadoras, el 16 por ciento tuvieron más probabilidades de haber tenido un aborto espontáneo en sus años fértiles, el 44 por ciento más de probabilidades de dar a luz un bebé muerto y el 43 por ciento más de probabilidades de haber tenido embarazo ectópico, comparadas con las mujeres no fumadoras.

Se encontró relación entre las mujeres que nunca fumaros y que estuvieron expuestas al humo de segunda mano, y las complicaciones presentadas en el embarazo, mientras más tiempo estuvieron expuestas al humo de segunda mano, mayor fue el riesgo.

Se clasificaron las mujeres que fueron expuestas al humo de segunda mano en tres grupos, las que tuvieron más de diez años de exposición en la niñez, las que tuvieron más de diez años de exposición en su trabajo en la adultez y las que tuvieron más de veinte años de exposición en casa durante la adultez.

Entre las mujeres expuestas al humo de segunda mano, el 17 por ciento tenían más probabilidades de padecer de un aborto espontáneo, el 55 por ciento de dar a luz un bebé muerto y un 61 por ciento de tener embarazo ectópico, en comparación con las mujeres que no fueron expuestas a dicho humo.

Las mujeres que tuvieron más complicaciones en el embarazo fueron las mujeres negras y de minorías étnicas, incluyendo también las que tenían sobrepeso; las que menos, fueron las más jóvenes y con mayor nivel educativo.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Tobacco Control, en su edición en línea del 26 de febrero.



El Parlamento Europeo (PE) ha dado el visto bueno a prohibir los paquetes que contengan menos de 20 cigarrillos y regulan a los cigarrillos electrónicos como productos medicinales sólo si presentan las propiedades curativas o preventivas, o como productos del tabaco en caso contrario.

La legislación vigente hace la exigencia de que los paquetes estén cubiertos en un 30 por ciento del área frontal con las advertencias sanitarias y en la parte de atrás, con el 40 por ciento.

En cuanto a los cigarrillos electrónicos deben ser seguros para los niños y que no se puedan manipular por ellos. También tendrán que tener advertencias sanitarias y las restricciones publicitarias que son aplicadas a los productos del tabaco, imponiéndose un límite de 20 miligramos de nicotina por milímetro de producto.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) considera que se necesita que la legislación sea más rigurosa para que se puedan favorecer las investigaciones sobre los efectos en la salud de los componentes de los cigarrillos electrónicos, pues no es muy claro qué pasa con las sustancias vaporizadas de este tipo de productos al llegar a los pulmones.

Los sabores para añadir atractivo a los cigarrillos y el tabaco de liar están prohibidos, aunque de momento no los cigarrillos mentolados, que en 2020 serán vetados. Sin embargo, los sabores para las pipas de agua sí están autorizados.



Un estudio determinó que luego de 50 años de prevención del tabaco a través de diferentes medios de comunicación se ha logrado alargar 8 millones de vidas en Estados Unidos, brindándoles casi 20 años más, sin embargo, una quinta parte de los estadounidenses aún fuman.

En 1964, cuando el Director General de Salud de Estados Unidos presentó un informe con las enfermedades relacionadas con el uso de tabaco, se dio un gran éxito para la salud pública, según afirmaciones de los autores de la presente investigación.

Rafael Meza, coautor del estudio y profesor asistente de epidemiología en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan, considera que los resultados del estudio muestran el poder que tienen las campañas de prevención del tabaco, aunque las muertes potenciales que se han evitado constituyen solo una tercera parte de los 18 millones de estadounidenses que murieron en ese período.

La investigación reflejó que en 1964, casi el 60 por ciento de los hombres y más de la tercera parte de las mujeres eran fumadores, hoy día, menos del 20 por ciento de las personas adultas fuman.

A partir del estudio de 1964, el consumo de tabaco decayó debido a las restricciones de los anuncios publicitarios de tabaco, las limitaciones de lugares donde se podía fumar y la concientización sobre los riesgos que conlleva fumar, además del encarecimiento de los paquetes de cigarrillo por el aumento de los impuestos al tabaco.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Journal of the American Medical Association en su edición del 8 de enero.



Un estudio muestra que los niños que ven escenas de violencia en las películas están expuestos a ver también alcohol, tabaquismo y sexo, ya que son conductas frecuentes en los protagonistas de dichas películas, cuya calificación (PG-13) se da para una audiencia de mayores de 12 años.

La autora líder del estudio, Amy Bleakley, investigadora científica de políticas del Centro de Política Pública Annenberg de la Universidad de Pensilvania, dicen que bajo estas circunstancias es necesario que los padres piensen si desean que sus hijos estén expuestos a estas influencias.

Aún no se tiene conocimiento asegurado sobre el efecto que pueda tener sobre los niños el ver este tipo de películas, incluyendo aquellas que son calificadas como G y como PG.

El objetivo de la investigación fue determinar si los personajes violentos de las películas que ven los adolescentes solían realizar otro tipo de conductas arriesgadas como consumir alcohol y tabaco o realizar actos sexuales. Previamente Bleakley había advertido en otros estudios que los niños que ven violencia en películas pueden tornarse más violentos.

Para la investigación, se realizó el análisis de casi 400 películas que fueron exitosas en taquilla entre 1985 y 2010, buscando cómo los íconos violentos de las mismas tenían escenas sexuales o de consumo de alcohol o tabaco. Se tuvieron en cuenta también películas que aunque estaban orientadas a los adultos, los niños posiblemente podrían estar viendo también.

Se definió la violencia en las películas como cualquier intento de agredir físicamente a una persona, incluso si era en broma. Se encontró que el 90 por ciento de las películas tenían al menos, una escena violenta con un personaje importante en la trama. En el 77 por ciento de las películas, un personaje principal participó de alguna conducta sexual como besos o bailes seductores, fumó tabaco o bebió alcohol. Incluso, otros personajes importantes no violentos, también participaba de las escenas con conductas de riesgo.

Bleakley dijo que el sistema de calificación de películas de Hollywood se basa más en las escenas sexuales para emitirla que en la violencia o escenas con actividades riesgosas.

Los resultados del estudio aparecen publicados en la revista Pediatrics.



Un estudio reciente encontró que los estudiantes universitarios se sienten atraídos por los anuncios publicitarios de cigarrillos; con un solo mensaje a favor de fumar, se consigue un efecto que dura a lo largo de una semana, aumentando el riesgo de que los jóvenes fumen.

Para la investigación, se documentó la exposición a los anuncios publicitarios de cigarrillo y otros mensajes a favor de fumar en medios de comunicación, por parte de 134 estudiantes fumadores y no fumadores de Pittsburgh, con edades comprendidas entre los 18 a los 24 años. Se incluyeron también representaciones positivas del tabaquismo en las películas. Se indagó en el efecto que tenían dichas exposiciones sobre las intenciones de fumar y rehusarse al hábito.

Se encontró que luego de ver los anuncios de cigarrillos a través de los medios a favor del hábito, las intenciones de fumar de los jóvenes aumentaban en un promedio del 22 por ciento, las cuales iban disminuyendo con cada día que pasaba luego de la exposición al anuncio, siendo mayor durante los siete primeros días.

El estudio hizo un seguimiento de tres semanas sobre los participantes, tiempo en el cual los estudiantes reportaron más de mil exposiciones a los anuncios de cigarrillos y mensajes en medios de comunicación con intención pro tabaco.

El coautor del estudio, Steven Martino, psicólogo de la organización RAND Corporation, entidad sin fines de lucro, señaló que fue sorprendente ver cómo la influencia de los mensajes se extendía a lo largo de los siete primeros días luego de la exposición, influyendo notoriamente sobre los individuos, incluso si las oportunidades de fumar son poco frecuentes.

Martino también comenta que si una nueva exposición a un anuncio se presenta antes de haber terminado la influencia del mensaje anterior, se aumenta el riesgo de fumar, haciéndose acumulable a largo plazo.

El presente estudio es importante a la hora de limitar la publicidad del tabaco para reducir el uso del tabaco en las personas jóvenes. Aunque en Estados Unidos los anuncios publicitarios están prohibidos para televisión y radio, sí son admitidos en tiendas de tabaco, los periódicos, las revistas e Internet.

Los resultados sobre la investigación aparecen en la revista Journal of Adolescent Health, en su edición en línea del 18 de noviembre.

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Un informe muestra que cada vez más adolescentes en Estados Unidos prueban narguiles y cigarrillos electrónicos, por lo que el consumo de cigarrillos no ha declinado entre los jóvenes de escuela intermedia y secundaria, lo cual preocupa a las autoridades sanitarias del país.

Aunque entre 2011 y 2012 el uso de dichos dispositivos se duplicó, no se ha observado una disminución del consumo de cigarrillos, según informan los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

Brian King, asesor científico principal en la oficina de tabaquismo y salud de los CDC, dice que estos productos son mercadeados en formas innovadoras en los diferentes medios de comunicación, como la televisión e Internet, por lo cual no debería sorprender su popularidad entre los jóvenes. Adicionalmente, los narguiles y cigarrillos electrónicos traen sabores que resultan atractivos a los niños y suelen ser usados en grupo, por lo que proveen una experiencia social y aumentan su gusto entre los jóvenes.

Stanton Glantz, director del Centro de Investigación y Educación sobre el Control del Tabaco de la Universidad de California, en San Francisco, dice que entre los adolescentes hay la creencia de que los cigarrillos electrónicos son más seguros que los cigarrillos, pero la nicotina que contienen es adictiva y afecta directamente los cerebros que aún se están desarrollando en los adolescentes.

King dice que es necesario controlar estos productos de tabaco y evitar que los adolescentes incurran en su uso, pues de hacerlo se convertirán en los adictos al tabaco del mañana.

El uso de narguiles en estudiantes de secundaria paso del 4,1 al 5,4 por ciento. En el caso de los cigarrillos electrónicos, entre los estudiantes de escuela intermedia pasó del 0,6 al 1,1 por ciento; en estudiantes de secundaria pasó del 1,5 al 2,8 por ciento.

La Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de Estados Unidos, no reglamenta en la actualidad los narguiles, cigarrillos electrónicos y otros productos nuevos basados en tabaco. Se pretende clasificar estos productos como productos de tabaco y de esta manera colocarlos bajo el control de la agencia.

El informe toma los datos arrojados por la Encuesta Nacional de tabaco y jóvenes de 2012, y aparece en la revista de los CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report, en su edición del 15 de noviembre.

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Pasado medio siglo después del informe histórico de Estados Unidos, emitido por el Ministerio de Salud del país en enero de 1964, sobre los daños producidos al fumar, los mitos sobre el tabaco persisten y los estadounidenses siguen muriendo por cáncer pulmonar asociado a fumar.

El doctor Lewis Foxhall, vicepresidente de política de salud del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas en Houston, indica que desde 1964 las tasas de tabaquismo han sido reducidas a más de la mitad, gracias a la legislación y las campañas educativas; sin embargo, el cáncer de pulmón es una de las causas predominantes de muerte en el país.

Se cree que la reducción de fumadores ha disminuido dramáticamente, y es uno de los mitos persistentes, cuando en realidad uno de cada cinco estadounidenses (casi 44 millones de personas) siguen fumando.

Foxhall dice que aunque en la actualidad el 19 por ciento de ciudadanos son fumadores, y dicho nivel es más bajo que el 42 por ciento que había en 1965, la cifra como tal de personas es similar a la de entonces. En 1965, había 50 millones de fumadores en el país.

También se cree aún que fumar “socialmente” y de manera poco frecuente, no hace daño, cuando en realidad fumar poco o mucho es perjudicial. Científicamente no se ha encontrado un nivel seguro de frecuencia en el que se pueda fumar, incluso la adicción puede ser sostenida con tan sólo unos pocos cigarrillos de vez en cuando, según señala David Wetter, presidente de investigación de las disparidades en la salud del MD Anderson.

Otra creencia falsa radica en pensar que si se fuma al aire libre, los peligros de humo de segunda mano son eliminados. Todo nivel de exposición al humo de segunda mano es riesgoso, aunque sea levemente. Wetter indica que es importante implantar en el seno de las familias la prohibición de fumar dentro o alrededor de la vivienda.

Se piensa que fumar cigarrillos electrónicos, narguiles o puros, es seguro respecto a los cigarrillos. Lo anterior es falso, todos contienen nicotina y por ende, son adictivos; además abren la puerta para probar otro tipo de productos del tabaco. Estas nuevas modalidades para fumar han sido introducidos por la industria tabacalera para poder atraer nuevos fumadores y más jóvenes, según opina el doctos Alexander Prokhorov, director del Programa de Educación sobre el Alcance del tabaco del MD Anderson.



Un estudio determinó que los bebés que habían sido expuestos al tabaquismo mientras estuvieron en el útero de sus madres, tienen mayores riesgos de sufrir infecciones, tanto respiratorias como no respiratorias, y de morir.

El estudio se basó en realizar la observación de las hospitalizaciones y la mortalidad de 50.000 bebés del estado de Washington, en Estados Unidos, entre 1987 y 2004. Se encontró que los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tenían una probabilidad del 50 por ciento más de ser hospitalizados o morir a causa de alguna infección, comparados con los bebés de madres no fumadoras.

Las mujeres que fuman en el embarazo están exponiendo a que el sistema inmunitario del bebé se debilite y por ende, padezca de un amplio espectro de infecciones, aparte de sufrir de peso bajo al nacer, nacer prematuramente o desarrollo defectuoso de los pulmones, según señaló la autora principal del estudio, la doctora Abigail Halperin.

También se encontró que si las fumadoras disminuyen el número de cigarrillos consumidos o dejan de fumar mientras están en embarazo, el riesgo de que sus bebés sufran infecciones se aminora.
Halperin asegura que es necesario dar asesoría a las mujeres embarazadas fumadoras para que dejen el hábito o que por lo menos, en caso de no poder abandonarlo de raíz, reduzcan el número de cigarrillos consumidos, para reducir el número de hospitalizaciones o la muerte de sus bebés.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Pediatric Infectious.



Un estudio determinó que el deterioro mental puede acelerarse cuando se bebe y fuma mucho, ya que por cada 10 años que se incurre en el hábito, se envejece a nivel cerebral 12 años.

El estudio, a cargo de los investigadores del Colegio Universitario de Londres, demostró que la combinación entre beber y fumar mucho, está asociada con un declive de la función del cerebro con una rapidez del 36 por ciento más en comparación con las personas que no consumen dichas sustancias, protegiendo así sus habilidades mentales a medida que van envejeciendo.

El autor principal del estudio, el doctor Gareth Hagger-Johnson, señaló que se aconseja a los fumadores dejar el hábito o reducir al máximo su consumo, de igual manera se recomienda que se evite beber mucho alcohol. Al combinar las dos conductas, beber y fumar, especialmente en edad mediana, el deterioro cognitivo (mental) se puede percibir en las etapas tempranas de la vejez.

La investigación duró 10 años, contando con 6,500 adultos con edades comprendidas entre 45 a 69 años. A cada uno de los participantes se les preguntó sobre sus hábitos relacionados con el consumo de alcohol y tabaquismo. Se les hizo también tres evaluaciones cerebrales a lo largo del estudio, teniendo en cuenta el razonamiento verbal y matemático, fluidez verbal y memoria verbal a corto plazo.

Las personas fumadoras que bebían en exceso mostraron que por cada 10 años que envejecían, su cerebro tenía un envejecimiento equivalente a 12 años, según explicó Hagger-Johnson.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista British Journal of Psychiatry, en su edición en línea del 11 de julio.



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