Un estudio determinó que los parches de nicotina no son eficaces para ayudar a las mujeres embarazadas a dejar de fumar e incluso, quienes lo usaban tenían la presión arterial más alta que aquellas que no los usaban.

Para la investigación se contó con la participación de 402 mujeres embarazadas de Francia las cuales fumaban mínimo 5 cigarrillos diariamente, con un tiempo de embarazo de 12 a 20 semanas. Se seleccionaron aleatoriamente las que iban a usar nicotina de 16 horas y las que usarían placebo inactivo hasta el momento de dar a luz.

Las mujeres participantes recibieron adicionalmente asesoría para dejar de fumar y tenían evaluación cada mes. Se encontró que el 5,5 por ciento de las mujeres que usaron el parche y el 5,1 por ciento de las que usaron placebo dejaron de fumar de manera completa.

El aumento de presión arterial fue significativamente mayor en el grupo de mujeres que probó los parches con nicotina, en comparación con aquellas que usaron el placebo, ante lo cual se recomienda que un factor importante antes de recetar parches de nicotina a embarazadas para que dejen de fumar es la presión arterial.

El autor del estudio, el doctor Ivan Berlin, del Hospital Universitario de la Pitie-Salpetriere de París, señala que dados los resultados deben hacerse esfuerzos por encontrar tratamientos nuevos que puedan ayudar a las mujeres embarazadas fumadoras a dejar el hábito, no sólo a nivel de medicamentos y sino a nivel de terapias de conducta.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista BMJ, en la edición en línea del 11 de marzo.

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Un estudio británico encontró una relación entre haber bebido alcohol poco antes de quedar embarazada y durante los tres primeros meses de gestación con los bebés prematuros, teniendo predisposición a que el bebé nazca bajo de talla y peso.

Para el estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Leeds, se contó con más de 1.200 mujeres en embarazo de Reino Unido que dieron información relacionada con sus hábitos de bebida antes y durante su etapa gestacional.

Tanto el Departamento de Salud del Reino Unido, así como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han recomendado a las mujeres en embarazo y a aquellas que quieran embarazarse que no beban alcohol y si lo hacen, debe ser en cantidades de una o dos unidades a la semana.

Se encontró que el 53 por ciento de las mujeres bebieron durante los tres primeros meses de embarazo más de la cantidad recomendada semanalmente y que el 40 por ciento bebían más de 10 unidades a la semana antes de quedar embarazadas.

Entre el grupo de las que bebieron más de la cantidad de alcohol recomendada, se halló que eran blancas, mayores con un alto nivel educativo, viviendo en barrios ricos.

El 13 por ciento de los bebés de las mujeres participantes en la investigación tuvieron bajo peso, el 4,4 por ciento eran más pequeño que lo normal y el 4,3 por ciento nacieron prematuramente. Las mujeres bebedoras de alcohol en cantidades mayores a la recomendada tenían el doble de probabilidad de que su hijo naciera pequeño o prematuro, comparado con aquellas que no bebieron.

Inclusive, se encontró que las mujeres que bebieron las cantidades recomendadas, tenían mayores probabilidades de tener un bebé prematuro, en comparación con las que no bebieron. De igual manera, las mujeres que bebían justo antes de quedar embarazadas, tenían propensión a tener bebés con tamaño menor al normal.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Journal of Epidemiology and Community Health.



Un estudio encontró que las mujeres que beben alcohol, de manera moderada o alta, al comienzo de su embarazo estarían dañando la placenta, además el alcohol es responsable de disminuir una sustancia necesaria para que se desarrolle el feto.

La placenta es el órgano encargado de sostener el desarrollo del bebé hasta el momento del parto. Al ingerir alcohol ya sea en cantidades moderadas o altas, se está reduciendo el crecimiento celular de la placenta y se reducía la taurina, un aminoácido que pasa de la madre al bebé a través de la placenta y es necesario para que se desarrolle adecuadamente el cerebro y el cuerpo del feto.

Para la investigación se definió un consumo moderado como la ingesta de dos a tres copas al día, el consumo alto hace relación a una cantidad de cuatro a seis cosas al día.

El estudio es importante para las mujeres que están intentando concebir, las cuales deben evitar beber pues los daños pueden provocarse en los estadios más tempranos del embarazo, incluso antes que la mujer sepa que está embarazada, según asevera John Aplin, profesor de biomedicina reproductiva del Centro de Investigación Materna y Fetal Tommy, de la Universidad de Manchester.

Los resultados del estudio aparecen en la revista PLoS One, en su edición en línea del 14 de febrero.



Un estudio danés a gran escala encontró muy poca conexión entre el consumo de antidepresivos por parte de la madre durante el embarazo, como el Prozac, y el autismo en los niños.

Se habían tenido algunos indicios de que antidepresivos de primera línea como citalopram (Celexa), paroxetina (Paxil), fluoxetina (Prozac) y sertralina (Zoloft) estarían vinculados con el autismo.

Estudios previos vincularon el autismo con las madres que consumieron antidepresivos durante el embarazo, mostrando un doble de las probabilidades, pero estas investigaciones contaron con una pequeña muestra de niños autistas que fueron expuestos a dichos fármacos en su etapa fetal.

Para esta investigación se contó con los expedientes médicos de más de 600.000 niños de Dinamarca, nacidos entre 1996 y 2005, de los cuales 3.900 fueron diagnosticados con autismo, encontrando que no hay vínculo claro entre usar antidepresivos durante el embarazo y el riesgo de autismo en los niños.

El autor líder del estudio, Anders Hviid, del Instituto Statens Serum de Copenhague, señala que los resultados aún están basados en un pequeño número de niños (52) que tenían autismo y fueron expuestos en su etapa fetal a los antidepresivos. Un poco más de 6.000 niños de madres que usaron antidepresivos en el embarazo no contrajeron autismo.

Los resultados de la investigación aparecen en la revista New England Journal of Medicine, en su edición del 19 de diciembre.

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Un estudio vinculó tomar ciertos antidepresivos durante el final del embarazo con un aumento del doble del riesgo de que los bebés padezcan de trastorno pulmonar. También se encontró que la hipertensión pulmonar persistente sigue manteniendo un riesgo bajo, afectando 3,5 de cada 1.000 nacimientos.

La autora del estudio, la doctora Sophie Grigoriadis, directora de la Clínica del Estado de Ánimo y la Ansiedad en las Mujeres: Transiciones Reproductivas del Centro de Ciencias de la Salud Sunnybrook, en Toronto, señala que las mujeres que toman este tipo de fármacos no deben abandonarlos, pero sí tener en cuenta estos factores de riesgo a la hora de decidir el medicamento, de igual manera si no se trata la depresión puede presentar diversos problemas en potencia.

Hay que sopesar los riesgos que se está dispuesto a correr en caso de no atender la depresión en el embarazo con los efectos de los fármacos con los cuales se trata dicho problema que pueden incidir en el bebé.

Una mujer embarazada a la cual no le sea tratada la depresión puede adquirir hábitos alimentarios malsanos, aumentar de peso de manera insuficiente, padecer hipertensión, tener atención prenatal inadecuada e incurrir en abusar de drogas y alcohol.

Todas las anteriores conductas de la madre con depresión no tratada en su embarazo producen que el bebé nazca bajo de peso o debido a un parto prematuro, al igual que puede tener inteligencia más baja, problemas de conducta que se desarrollan a medida que el niño crece. Adicionalmente, la depresión durante el embarazo tiene más probabilidades de desencadenar depresión posparto.

La hipertensión pulmonar persistente es una condición que está relacionada directamente con tomar antidepresivos como venlafaxina (Effexor), paroxetina (Paxil), fluoxetina (Prozac) y setralina (Zoloft). Este problema pulmonar consiste en que los pulmones se hacen resistentes luego del nacimiento, en vez de relajarse, por lo que no se expanden adecuadamente y el bebé recibe menos oxígeno de lo normal.

Para la investigación, se agruparon los resultados arrojados por siete estudios previos completados sobre el uso de antidepresivos durante el embarazo y el riesgo de que el bebé tuviera hipertensión pulmonar persistente.

Se encontró que el riesgo es significativamente mayor a finales del embarazo. Esta etapa puede ser considerada como cualquier momento durante o posterior a la semana 20 o también el tercer trimestre.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista BMJ, en su edición en línea del 14 de enero.



Un estudio desarrollado en el lapso de 40 años encontró vínculo entre la exposición de bebés de sexo femenino a las hormonas de estrés de sus madres y fumar en el embarazo con una adicción posterior a la nicotina en las hijas, mas no encontró riesgo similar en los hijos.

Para la investigación se analizaron datos arrojados por 649 mujeres y 437 hombres a los que se les hizo seguimiento durante 40 años, luego de haber nacido de madres con niveles de hormonas y presencia de tabaquismo durante el embarazo.

Cuando la madre tenía un nivel elevado de cortisol, hormona del estrés, mientras estuviera embarazada, así como fumar durante el embarazo, estaba vinculado con mayor probabilidad de que las hijas y no los hijos fueran dependientes a la nicotina en su etapa de adultez.

Una de las autoras principales del estudio, la doctora Laura Stroud, quien es investigadora de los Centros de medicina Conductual y Preventiva del Hospital Miriam en Providence, Rhode Island, señala que los hallazgos muestran cómo las hijas presentan una vulnerabilidad particular a largo plazo al estrés y tabaquismo de sus madres durante el embarazo.

El motivo de lo anterior aún se desconoce, pero quizás esté relacionado con la regulación de la hormona del estrés en la placenta y la adaptación a las exposiciones en el ambiente prenatal. Además, el cortisol y la nicotina tienen un efecto en los cerebros masculinos y femeninos en desarrollo de manera diferente.

Stroud considera que es posible que las hijas tengan mayor propensión de transmitir un riesgo similar a sus propias hijas, con lo cual se crea un ciclo que pasa de una generación a otra.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Biological Psychiatry en su edición de enero.



Un estudio reciente sugiere que las habilidades de los niños pueden verse afectadas si sus madres consumieron licor durante el embarazo.

El efecto del alcohol en los individuos que han sido expuestos en su etapa fetal a través de sus madres bebedoras tienen efectos importantes a nivel de conducta y de emociones, aunque no necesariamente se vea afectado su nivel de inteligencia.

Según los investigadores, Mary O’Connor y Justin Quattlebaum de la Universidad de California, en Los Ángeles, los resultados obtenidos apuntan a que debe detectarse de manera urgente y brindarse tratamiento temprano a los niños que han sido expuestos en el útero al alcohol, para tratar sus posibles problemas sociales.

El intervenir a estos niños con el tratamiento adecuado es beneficioso teniendo en cuenta que los cerebros de los niños por estar en desarrollo tienen mayor capacidad de moldearse, cambiando y adaptando durante el aprendizaje.

Para la investigación participaron 125 niños con edades entre los 6 y los 12 años. De los participantes, 97 cumplían con los criterios de trastorno del espectro alcohólico fetal, luego de haberse evaluado su desarrollo conductual, emocional y social.

Se encontró que aquellos niños que fueron expuestos en su etapa fetal al alcohol presentaban más problemas sociales y puntajes bajos en pruebas como conectar experiencias pasadas con acciones presentes o comprender el por qué las personas hacen las cosas que hacen. Las pruebas de habilidades de atención, memoria, organización y de planificación en el trabajo tuvieron también peores puntajes.

Los padres de los participantes con exposición fetal al alcohol admitieron que sus hijos tenían mayor falta de atención, conducta compulsiva e hiperactividad, tendiendo a la depresión.

Los resultados de la investigación aparecen en la revista Child Neuropsychology, en su edición en línea e impresa.



Un estudio reciente de Australia mostró que el hecho de que la madre sea fumadora y que el bebé nazca antes de tiempo, aumenta el riesgo de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en los niños.

La coautora del estudio, la doctora Carol Bower, investigadora principal del Centro de Investigación en Salud Infantil de la Universidad de Australia Occidental, dice que dentro del grupo de madres con hijos que presentan TDAH, se tienen como características que son más jóvenes, solteras, fumadoras durante el embarazo y presentaron complicaciones en su embarazo y parto, por lo que dieron a luz un poco antes, sin importar si el hijo fuera niño o niña.

Se encontró también que el consumo de hormona oxitocina para agilizar el parto, hacía que las niñas fueran menos propensas a sufrir de TDAH.

En la actualidad se desconocen las causas del TDAH, aunque hay evidencia que muestra que la parte genética tiene un rol importante en el desarrollo de la misma, según comentó la doctora Tanya Froehlich, profesora asociada del Centro Médico del Hospital Pediátrico de Cincinnati. También indicó que se ha encontrado asociación en el uso de alcohol y tabaco durante el embarazo, las complicaciones presentadas en embarazo y parto y la prematuridad del mismo.

Dentro de los síntomas del TDAH se encuentra la facilidad de distracción, la falta de atención y la falta de concentración.

Para la investigación, se examinaron los expedientes médicos de casi 13.000 niños y adultos jóvenes que nacieron en Australia Occidental y estaban recetados entre 2003 y 2007 con medicamentos estimulantes para tratar el TDAH como el Adderall y Ritalin. La comparación se realizó con más de 30.000 niños para identificar si había alguna diferencia ambiental.

La autora principal del estudio, Desiree Silva, profesora de medicina pediátrica en la Universidad de Australia Occidental, afirmó que el estar expuesto el feto de manera crónica al tabaco durante el embarazo, haría que se produjera desequilibrio en las sustancias químicas dando como resultado TDAH.

Froehlich, por su parte, afirma que las personas que padecen TDAH son más propensas a fumar y pueden pasar sus genes asociados con TDAH a sus hijos. Otro punto a tener en cuenta son las infecciones del tracto urinario, que podrían contribuir a una inflamación que afecte el desarrollo del cerebro del feto; de igual manera el estrés durante el embarazo, por ser madre soltera o demasiado joven, puede afectar en dicho sentido.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Pediatrics, en su edición en línea del 2 de diciembre.



Un estudio canadiense determinó que el ejercicio ayuda a las mujeres embarazadas a dejar de fumar, por ejemplo, una caminata enérgica de 15 a 20 minutos ayuda de manera pasajera a prevenir los síntomas de abstinencia.

El autor del estudio, Harry Prapavessis, director del Laboratorio de Psicología del Ejercicio y la Salud de la Universidad Western, Ontario, dice que esta es la primera vez en que se han podido obtener resultados al contar con fumadoras embarazadas.

Para la investigación se contó con 30 mujeres de Canadá e Inglaterra, en el segundo trimestre de embarazo, todas fumadoras de más de cinco cigarrillos diarios y que no hacen ejercicio regularmente, con edad promedio de 25 años.

Se organizaron dos grupos, el primero caminaba en una cinta durante 20 minutos, el segundo veía un vídeo relacionado con jardinería en el hogar. Cada una llevaba sin fumar entre 15 y 19 horas antes de asistir a la prueba en el laboratorio.

Como resultado, se encontró que las mujeres que realizaron caminata redujeron su deseo de fumar en un 30 por ciento, aunque los síntomas de abstinencia aparecieron pasados 30 minutos del ejercicio, tiempo en el cual sólo el 17 por ciento sintieron reducción de los síntomas.

Con ayuda del ejercicio se puedo controlar entre los síntomas de abstinencia la tensión, el nerviosismo y la irritabilidad.

Prapavessis dijo que sería bueno repetir el estudio pero contando con mujeres fumadoras embarazadas más jóvenes y también mayores de 25 años. Otra característica a cambiar sería realizar las caminatas en ambientes naturales, fuera del hogar, para determinar qué efecto produce en sus síntomas de abstinencia.



Un estudio determinó que los bebés que habían sido expuestos al tabaquismo mientras estuvieron en el útero de sus madres, tienen mayores riesgos de sufrir infecciones, tanto respiratorias como no respiratorias, y de morir.

El estudio se basó en realizar la observación de las hospitalizaciones y la mortalidad de 50.000 bebés del estado de Washington, en Estados Unidos, entre 1987 y 2004. Se encontró que los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tenían una probabilidad del 50 por ciento más de ser hospitalizados o morir a causa de alguna infección, comparados con los bebés de madres no fumadoras.

Las mujeres que fuman en el embarazo están exponiendo a que el sistema inmunitario del bebé se debilite y por ende, padezca de un amplio espectro de infecciones, aparte de sufrir de peso bajo al nacer, nacer prematuramente o desarrollo defectuoso de los pulmones, según señaló la autora principal del estudio, la doctora Abigail Halperin.

También se encontró que si las fumadoras disminuyen el número de cigarrillos consumidos o dejan de fumar mientras están en embarazo, el riesgo de que sus bebés sufran infecciones se aminora.
Halperin asegura que es necesario dar asesoría a las mujeres embarazadas fumadoras para que dejen el hábito o que por lo menos, en caso de no poder abandonarlo de raíz, reduzcan el número de cigarrillos consumidos, para reducir el número de hospitalizaciones o la muerte de sus bebés.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Pediatric Infectious.



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