Un estudio danés a gran escala encontró muy poca conexión entre el consumo de antidepresivos por parte de la madre durante el embarazo, como el Prozac, y el autismo en los niños.

Se habían tenido algunos indicios de que antidepresivos de primera línea como citalopram (Celexa), paroxetina (Paxil), fluoxetina (Prozac) y sertralina (Zoloft) estarían vinculados con el autismo.

Estudios previos vincularon el autismo con las madres que consumieron antidepresivos durante el embarazo, mostrando un doble de las probabilidades, pero estas investigaciones contaron con una pequeña muestra de niños autistas que fueron expuestos a dichos fármacos en su etapa fetal.

Para esta investigación se contó con los expedientes médicos de más de 600.000 niños de Dinamarca, nacidos entre 1996 y 2005, de los cuales 3.900 fueron diagnosticados con autismo, encontrando que no hay vínculo claro entre usar antidepresivos durante el embarazo y el riesgo de autismo en los niños.

El autor líder del estudio, Anders Hviid, del Instituto Statens Serum de Copenhague, señala que los resultados aún están basados en un pequeño número de niños (52) que tenían autismo y fueron expuestos en su etapa fetal a los antidepresivos. Un poco más de 6.000 niños de madres que usaron antidepresivos en el embarazo no contrajeron autismo.

Los resultados de la investigación aparecen en la revista New England Journal of Medicine, en su edición del 19 de diciembre.



Un estudio encontró que los niños expuestos al humo de segunda mano favorece la readmisión al hospital por asma, con el doble de probabilidades, en un plazo de 12 meses.

El autor principal del estudio, el doctor Robert Kahn, director asociado de pediatría general y comunitaria del Hospital Pediátrico de Cincinnati, señala que medir los niveles de nicotina en sangre y saliva en el momento en que se atiende un niño en emergencias o en el hospital, puede predecir si tendrá hospitalizaciones futuras.

Con estas mediciones también se pueden realizar intervenciones a las personas encargadas del cuidado de los niños antes de dar el alta del hospital al niño.

Para el estudio se hizo el examen de los resultados de pruebas en sangre y saliva de 619 niños con edades comprendidas entre 1 y 16 años, a los cuales se les hizo seguimiento durante un año, luego de su admisión al Hospital de Cincinnati para ser tratados por asma.

Los menores expuestos al humo tuvieron más del doble de probabilidades de volver al hospital para un tratamiento para el asma que los niños que no tuvieron exposición al tabaco.

Los resultados de la investigación desarrollada por investigadores del Centro Médico del Hospital Pediátrico de Cincinnati y del Hospital Pediátrico Milton S. Hershey de la Universidad Estatal de Pensilvania, aparecen en la revista Pediatrics, en su edición en línea del 20 de enero.



Un informe de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos mostró que las tasas de tabaquismo en el país descienden a mínimos históricos, lo cual es atribuible al aumento de los impuestos al tabaco y el endurecimiento de los anuncios anti tabaco, encontrándose que menos del 20 por ciento de los estadounidenses aún fuman cigarrillos.

En 2012 la tasa de tabaquismo se redujo del 20 por ciento al 18,1 por ciento, luego de haber sido estable tras años de seguimiento.

El coautor del informe, Brian King, epidemiólogo de la Oficina de Tabaquismo y Salud de los CDC, señala que alcanzar esta cifra es todo un hito, pero el progreso aún no es tan firme como se ha esperado. La causa de esta reducción se debe a que en 2009 se implantó la Ley de control del Tabaco y Prevención Familiar del Tabaco, por la cual la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) pudo regular el tabaco. En este mismo año los impuestos federales pasaron de 39 centavos a 1,01 dólares por paquete.

También influyeron las nuevas campañas publicitarias anti tabaco como la lanzada por los CDC en 2012, “Consejos de Ex Fumadores” donde los ex fumadores mostraban los terribles efectos en la salud que tiene el consumo del tabaco.

King enfatiza que no pueden parar los esfuerzos anti tabaco, pese a las noticias alentadoras en cifras, pues 42,1 millones de adultos en Estados Unidos aún fuman. Por tanto, hay que encarecer el tabaco, dar cumplimiento a las leyes libres de humo, seguir con las campañas fuertes anti en medios de comunicación.

La gente que más fuma (más de 30 cigarrillos al día) descendió de 12,6 a 7 por ciento. El número promedio de cigarrillos fumados diariamente pasó de 16,7 en 2005 a 14,6 en 2012.

Los resultados del informe aparecen en la revista de los CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report, en su edición del 17 de enero.



Un estudio vinculó tomar ciertos antidepresivos durante el final del embarazo con un aumento del doble del riesgo de que los bebés padezcan de trastorno pulmonar. También se encontró que la hipertensión pulmonar persistente sigue manteniendo un riesgo bajo, afectando 3,5 de cada 1.000 nacimientos.

La autora del estudio, la doctora Sophie Grigoriadis, directora de la Clínica del Estado de Ánimo y la Ansiedad en las Mujeres: Transiciones Reproductivas del Centro de Ciencias de la Salud Sunnybrook, en Toronto, señala que las mujeres que toman este tipo de fármacos no deben abandonarlos, pero sí tener en cuenta estos factores de riesgo a la hora de decidir el medicamento, de igual manera si no se trata la depresión puede presentar diversos problemas en potencia.

Hay que sopesar los riesgos que se está dispuesto a correr en caso de no atender la depresión en el embarazo con los efectos de los fármacos con los cuales se trata dicho problema que pueden incidir en el bebé.

Una mujer embarazada a la cual no le sea tratada la depresión puede adquirir hábitos alimentarios malsanos, aumentar de peso de manera insuficiente, padecer hipertensión, tener atención prenatal inadecuada e incurrir en abusar de drogas y alcohol.

Todas las anteriores conductas de la madre con depresión no tratada en su embarazo producen que el bebé nazca bajo de peso o debido a un parto prematuro, al igual que puede tener inteligencia más baja, problemas de conducta que se desarrollan a medida que el niño crece. Adicionalmente, la depresión durante el embarazo tiene más probabilidades de desencadenar depresión posparto.

La hipertensión pulmonar persistente es una condición que está relacionada directamente con tomar antidepresivos como venlafaxina (Effexor), paroxetina (Paxil), fluoxetina (Prozac) y setralina (Zoloft). Este problema pulmonar consiste en que los pulmones se hacen resistentes luego del nacimiento, en vez de relajarse, por lo que no se expanden adecuadamente y el bebé recibe menos oxígeno de lo normal.

Para la investigación, se agruparon los resultados arrojados por siete estudios previos completados sobre el uso de antidepresivos durante el embarazo y el riesgo de que el bebé tuviera hipertensión pulmonar persistente.

Se encontró que el riesgo es significativamente mayor a finales del embarazo. Esta etapa puede ser considerada como cualquier momento durante o posterior a la semana 20 o también el tercer trimestre.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista BMJ, en su edición en línea del 14 de enero.



Un estudio muestra que es más efectivo realizar una sencilla pregunta a los pacientes para determinar abuso de sustancias, bien sea alcohol o drogas, y su nivel de abuso, en vez de administrar largos cuestionarios.

Para la investigación liderada por el doctor Richard Saitz, catedrático y profesor de ciencias de la salud comunitaria de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston, se contó con casi 300 personas reclutadas en la clínica de atención primaria del Centro Médico de Boston.

Saitz señala que en vez de hacer entrevistas extensas o cuestionarios largos a los pacientes, con pocas preguntas claves se podría identificar y saber cómo abordar el uso indebido de sustancias.

A los participantes del estudio se les preguntó cuántas veces en el año anterior consumieron cinco o más copas en un día, si eran hombres, o cuatro o más copas en un día, si eran mujeres. Otra pregunta fue cuántas veces en el año anterior usaron una droga ilegal o medicamentos recetados por motivos no médicos.

Con la pregunta del alcohol, se detectó que el 88 por ciento de los participantes dependían del alcohol. Con la pregunta sobre drogas, el 97 por ciento tenían dependencia de las drogas. Los resultados obtenidos fueron similares al usar pruebas largas de detección.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs, en su edición de enero.

Saitz enfatiza que es necesario tener formas de identificar el problema de abuso de sustancias de manera rápida a los pacientes para así poder evaluar si requieren una atención más urgente acorde a su problema, sin tener que incurrir en cuestionarios de más de 80 preguntas de opciones de respuesta múltiple.



Un estudio desarrollado en el lapso de 40 años encontró vínculo entre la exposición de bebés de sexo femenino a las hormonas de estrés de sus madres y fumar en el embarazo con una adicción posterior a la nicotina en las hijas, mas no encontró riesgo similar en los hijos.

Para la investigación se analizaron datos arrojados por 649 mujeres y 437 hombres a los que se les hizo seguimiento durante 40 años, luego de haber nacido de madres con niveles de hormonas y presencia de tabaquismo durante el embarazo.

Cuando la madre tenía un nivel elevado de cortisol, hormona del estrés, mientras estuviera embarazada, así como fumar durante el embarazo, estaba vinculado con mayor probabilidad de que las hijas y no los hijos fueran dependientes a la nicotina en su etapa de adultez.

Una de las autoras principales del estudio, la doctora Laura Stroud, quien es investigadora de los Centros de medicina Conductual y Preventiva del Hospital Miriam en Providence, Rhode Island, señala que los hallazgos muestran cómo las hijas presentan una vulnerabilidad particular a largo plazo al estrés y tabaquismo de sus madres durante el embarazo.

El motivo de lo anterior aún se desconoce, pero quizás esté relacionado con la regulación de la hormona del estrés en la placenta y la adaptación a las exposiciones en el ambiente prenatal. Además, el cortisol y la nicotina tienen un efecto en los cerebros masculinos y femeninos en desarrollo de manera diferente.

Stroud considera que es posible que las hijas tengan mayor propensión de transmitir un riesgo similar a sus propias hijas, con lo cual se crea un ciclo que pasa de una generación a otra.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Biological Psychiatry en su edición de enero.



Un estudio encontró que pese a que en las escuelas se realizan pruebas de drogas, los estudiantes fuman marihuana, con lo cual se encontró que dichas pruebas no disuaden a los jóvenes a fumar marihuana, pero sí lo haría fomentar un ambiente escolar positivo. Cerca del 20 por ciento de las escuelas secundarias en Estados Unidos practican pruebas de drogas.

Para la investigación se contó con 361 estudiantes, de los cuales un tercio asistían a escuelas donde se practican pruebas de drogas. Se les hizo a los estudiantes un seguimiento durante un año, encontrando que los estudiantes en dichas escuelas no tenían menor propensión que otros estudiantes a usar marihuana, alcohol o cigarrillos.

El autor del estudio, Daniel Romer, del Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pensilvacia, dice que aunque pudiera parecer una buena política la toma de prueba de drogas, en la práctica no funcionan.

Se indagó en los estudiantes acerca de su ambiente escolar, por lo que se determinó que las escuelas con buen ambiente son aquellas que tienen unas reglas muy claras y tanto maestros como estudiantes se tratan mutuamente con respeto.

Precisamente en dichas escuelas con buen ambiente, los estudiantes tenían un 20 por ciento menos propensión de probar marihuana y un 15 por ciento menos de fumar cigarrillos, comparados con los estudiantes de otras escuelas.

En cuanto al alcohol, el buen ambiente escolar no influyó en la reducción de consumo del alcohol, lo cual puede deberse a que beber puede ser considerado como más normal que el uso de drogas o fumar.

Los resultados de la investigación aparecen en la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs, en su edición de enero.



Según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, los médicos no desalientan a sus pacientes con problemas de bebida a que la abandonen, prueba de ello es que uno de cada seis adultos afirma que un médico o profesional de la salud le ha informado acerca del consumo de alcohol.

Los médicos deberían hablar con sus pacientes sobre los efectos nocivos que tiene el consumo de alcohol, especialmente si han detectado que ellos tienen problemas con la bebida y aún cuando sólo tengan atracones de bebidas.

De las personas que se dan atracones de bebida, solo una de cada cuatro reportaron hablar con un profesional de salud sobre su consumo de alcohol. Entre los individuos que se dan 10 atracones de bebida al mes, solo uno de cada tres conversó sobre su consumo de alcohol con el médico.

En cuanto a las mujeres embarazadas, sólo el 17 por ciento tuvo charlas sobre consumo de alcohol durante el embarazo y los efectos negativos sobre el feto en desarrollo.

El director de CDC, el doctor Thomas Frieden, asegura que una consejería que no exceda los 15 minutos, puede reducir sustancialmente el consumo de alcohol en los pacientes, lo cual debe ser una rutina en la atención del paciente, al igual que se hace para medir tensión o controles de colesterol, teniendo en cuenta que por cada persona alcohólica hay seis más con problemas con la bebida.

Dentro de los problemas con la bebida se encuentran los atracones (cinco o más bebidas en unas cuantas horas en hombres y cuatro o más bebidas en mujeres) o beber demasiado en una sola ocasión, consumo de alcohol en mujeres embarazadas o menores de 21 años.

Una bebida se define con 148 ml o 5 onzas de vino, 355 ml de cerveza o 12 onzas, 44 ml o 1,5 onzas de alcohol destilado o licor.

Para este estudio, los CDC revisaron los datos de pacientes de 44 estados y el Distrito de Columbia, donde se evaluaba si los médicos hablan con las personas que atienden por problemas de bebida.



Un estudio determinó que luego de 50 años de prevención del tabaco a través de diferentes medios de comunicación se ha logrado alargar 8 millones de vidas en Estados Unidos, brindándoles casi 20 años más, sin embargo, una quinta parte de los estadounidenses aún fuman.

En 1964, cuando el Director General de Salud de Estados Unidos presentó un informe con las enfermedades relacionadas con el uso de tabaco, se dio un gran éxito para la salud pública, según afirmaciones de los autores de la presente investigación.

Rafael Meza, coautor del estudio y profesor asistente de epidemiología en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan, considera que los resultados del estudio muestran el poder que tienen las campañas de prevención del tabaco, aunque las muertes potenciales que se han evitado constituyen solo una tercera parte de los 18 millones de estadounidenses que murieron en ese período.

La investigación reflejó que en 1964, casi el 60 por ciento de los hombres y más de la tercera parte de las mujeres eran fumadores, hoy día, menos del 20 por ciento de las personas adultas fuman.

A partir del estudio de 1964, el consumo de tabaco decayó debido a las restricciones de los anuncios publicitarios de tabaco, las limitaciones de lugares donde se podía fumar y la concientización sobre los riesgos que conlleva fumar, además del encarecimiento de los paquetes de cigarrillo por el aumento de los impuestos al tabaco.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Journal of the American Medical Association en su edición del 8 de enero.



Un nuevo estudio muestra que los niños que toman antidepresivos, sin importar el tipo de medicamento que sea, tendrán riesgo de suicidio, tanto en pensamientos como en conductas de este tipo.

No solo estudios previos, sino una revisión de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) concluyeron que tanto niños como adolescentes a los que se les prescriben fármacos antidepresivos pueden tener alto riesgo de padecer de pensamientos y conductas suicidas, especialmente en las primeras semanas del tratamiento. Por lo mismo, la FDA añadió una advertencia de alto nivel a las etiquetas de los antidepresivos respecto al riesgo de suicidio en niños.

Para el presente estudio se hizo la revisión de los expedientes médicos de casi 37.000 niños con edad promedio de 14 años, en etapa escolar, inscritos al programa de salud Medicaid de Tennessee entre 1995 y 2006, todos estaban comenzando a tomar alguno de los depresivos Celexa, Effexor, Lexapro, Paxil, Prozac o Zoloft.

Antes de que los niños estuvieran en el estudio, el 3 por ciento ya había intentado suicidarse y el 10 por ciento estuvieron hospitalizados para recibir tratamiento psiquiátrico.

Luego de comenzar el tratamiento con medicamentos, el 1 por ciento de los niños que recibieron antidepresivos nuevos, intentaron suicidarse. Se presentaron 419 intentos graves de autolesión y 4 casos de suicidio consumados. No hubo diferenciación en el riesgo de los antidepresivos según el tipo.

Los resultados de la investigación liderada por el doctor William Cooper, profesor de pediatría y de políticas de salud en la Universidad de Vanderbilt, Nashville, fueron publicados en la revista Pediatrics en su edición en línea del 6 de enero.

Los niños que estaban tomando varios depresivos al mismo tiempo, tenían un riesgo significativamente más alto de incurrir en suicidio, aunque el doctor Cooper dice que se debe probablemente a la gravedad de la depresión y no por aumento de medicamentos.



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