Una revisión encontró que imponer la edad mínima legal de 21 años en Estados Unidos para consumir alcohol puede salvar vidas, por lo que no puede pensarse siquiera a rebajarla a los 18 años.

Los investigadores estuvieron examinando estudios realizados a partir de 2006, encontrando que con una edad mínima de 21 años para consumir alcohol está asociada a una tasa más baja de accidentes de tránsito por conducir en estado de ebriedad, además de incurrir en comportamientos de bebida empedernida, sexo sin protección, suicidio y violencia de pareja.

En 2011, el 36 por ciento de los universitarios estadounidenses dijeron que habían tenido un atracón de bebida en las dos semanas anteriores, es decir, cinco o más copas en una misma ocasión; la cifra contrasta con la obtenida en 1988, que fue del 43 por ciento. Entre los estudiantes de último año de secundaria la reducción en esos mismos años fue del 35 al 22 por ciento. En 1988 todos los estados implantaron la mínima edad legal para consumir alcohol en 21 años.

El investigador líder de la revisión, William DeJong, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston, señala que hay evidencia clara que disminuir la edad legal para el consumo de alcohol tendría consecuencias nefastas.

El argumento que esbozan los defensores de la rebaja de la edad mínima legal para consumir alcohol es que muchos jóvenes violan la ley y consumen alcohol pese a la restricción de edad.

Habría más éxito en cuanto a la disminución del alcohol en los jóvenes si aparte de seguirse cumpliendo la ley, las universidades realizan advertencias a los estudiantes sobre las medidas que deben cumplir dentro del campus.

La revisión aparece en un suplemento especial de la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs.



Un estudio encontró un fármaco llamado Topamax, que podría ayudar a los bebedores empedernidos a limitar el consumo de alcohol. El medicamento topiramato (Topamax) es un antiepiléptico.

Para la investigación se tuvieron en cuenta 138 bebedores empedernidos que fueron divididos en dos grupos. Un grupo tomó Topamax durante doce semanas con una dosis diaria de 200 miligramos. El otro grupo tomó un placebo. A ambos grupos se les brindó consejería breve para ayudarlos a reducir su consumo de alcohol.

Se encontró que en el grupo de bebedores que consumió Topamax más del doble de pacientes no tuvo días con alto consumo durante las cuatro semanas del estudio, así como que tuvieron más días sin ingerir alcohol que aquellos que tomaron placebo. Los que consumieron placebo tenían cinco veces más propensión a tener un día de alto consumo de alcohol que los que consumieron el medicamento.

El líder el estudio, el doctor Henry Kranzler, profesor de psiquiatría y director del Centro de Estudios de la Adicción de la Universidad de Pensilvania, señala que este estudio es importante para comprender y tratar los problemas de bebida, especialmente porque por primera vez se aborda el topiramato como una opción de apoyo para quienes quieren dejar la bebida.

Los resultados del estudio aparecen en la revista American Journal of Psychiatry, en su edición en línea del 14 de febrero.



Un estudio encontró que las mujeres que beben alcohol, de manera moderada o alta, al comienzo de su embarazo estarían dañando la placenta, además el alcohol es responsable de disminuir una sustancia necesaria para que se desarrolle el feto.

La placenta es el órgano encargado de sostener el desarrollo del bebé hasta el momento del parto. Al ingerir alcohol ya sea en cantidades moderadas o altas, se está reduciendo el crecimiento celular de la placenta y se reducía la taurina, un aminoácido que pasa de la madre al bebé a través de la placenta y es necesario para que se desarrolle adecuadamente el cerebro y el cuerpo del feto.

Para la investigación se definió un consumo moderado como la ingesta de dos a tres copas al día, el consumo alto hace relación a una cantidad de cuatro a seis cosas al día.

El estudio es importante para las mujeres que están intentando concebir, las cuales deben evitar beber pues los daños pueden provocarse en los estadios más tempranos del embarazo, incluso antes que la mujer sepa que está embarazada, según asevera John Aplin, profesor de biomedicina reproductiva del Centro de Investigación Materna y Fetal Tommy, de la Universidad de Manchester.

Los resultados del estudio aparecen en la revista PLoS One, en su edición en línea del 14 de febrero.



Las autoridades de Estados Unidos están preocupadas por el aumento de sobredosis de drogas a nivel de letal epidemia, agravada por el abuso de la heroína y analgésicos narcóticos recetados.

Gil Kerlikowske, director de la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de Estados Unidos, advirtió que el impacto que tiene el consumo de analgésicos recetados y la heroína es devastador a nivel nacional.

Las cifras del gobierno muestran que los usuarios de heroína pasaron de 373.000 en 2007 a 669.000 en 2012. En 2010 cien estadounidenses murieron por sobredosis cada día, donde 16.600 muertes se produjeron por abuso de analgésicos recetados y 3.000 por heroína. Actualmente las muertes por sobredosis son mayores que por asesinatos y accidentes automovilísticos.

La heroína ha resurgido a causa de que hay una mayor disponibilidad y que su costo es menor respecto a otras drogas. Es clasificada como opiácea, pues está vinculada con el receptor opiáceo del cerebro y espina dorsal, provocando sensaciones placenteras además de la transmisión del dolor, por lo que el abuso de ella, junto con los analgésicos recetados también opiáceos como oxicodona e hidrocodona, puede resultar en dependencia física y adicción.

Este tipo de drogas afectan la respiración y la frecuencia cardíaca, haciéndolas más lentas a tal punto que pueden acarrear un coma o la muerte.

Las personas que incurren en la heroína han comenzado el vínculo al haber abusado de los medicamentos recetados, llevándolos a una futura sobredosis. El 80 por ciento de consumidores recientes de heroína, habían comenzado antes a tomar analgésicos con receta de manera ilegal.

El gobierno ha decidido tener medidas duras contra los distribuidores ilícitos de medicamentos, incluyendo los médicos que recetan de manera excesiva los analgésicos narcóticos. También existen programas para educar a médicos y pacientes para instruirlos en las recetas de analgésicos y cómo deben descartar las recetas no usadas.



Un estudio reciente muestra que implantar un precio mínimo al alcohol tendría un efecto directo en los bebedores más pobres y en los de alto riesgo, en comparación con el impacto que tendría sobre los bebedores moderados con bajos ingresos, que se verían afectados mínimamente.

Para el estudio investigadores británicos de la Universidad de Sheffield se usó un modelo computarizado donde se analiza la forma en que los individuos responden a los cambios en los precios de los artículos. Se indagó qué sucedería al aumentar 73 centavos por unidad de alcohol y la manera en que afectaría los hábitos de consumo de alcohol en los diversos grupos de población.

Por unidad se considera que, una copa de 25 milímetros de licor es una unidad, de manera que una botella de vino tiene entre nueve y diez unidades y una pinta de cerveza contiene dos unidades.

El mayor impacto con este nuevo precio afectaría al cinco por ciento de la población que está formada por bebedores de alto riesgo por consumir entre semana más de 50 unidades de alcohol en hombres y más de 35 unidades en mujeres. Se reduciría las tres cuartas partes del consumo de alcohol por parte de este grupo poblacional, así como la prevención de 860 muertes y 30.000 hospitalizaciones que están relacionadas con el alcohol al año.

Si el bebedor de alto riesgo tiene bajos ingresos, el aumento de precio tendría mayor efecto. Este tipo de persona gasta un promedio de 4.410 dólares anualmente en alcohol, luego del aumento de precio reducirían el consumo de alcohol en casi 300 unidades al año por persona.

En comparación, los bebedores con consumo moderado de alcohol se verían mínimamente afectados, con una reducción entre una y cuatro unidades anuales por persona.

El autor líder de la investigación, el doctor John Holmes, señaló que si los legisladores implementaran la medida habría una gran ventaja en la salud de los bebedores nocivos de bajos ingresos reduciendo de manera importante la aparición de enfermedades y las muertes relacionadas con el alcohol.

Los resultados del estudio aparecen en la revista The Lancet, en su edición en línea del 10 de febrero.



Un estudio encontró que el número de accidentes letales en coche en Estados Unidos que están relacionados con el consumo de marihuana se ha triplicado, lo cual incluye tanto a hombres y mujeres y a todos los grupos de edad.

Pese a que la legalización de la marihuana es una idea que ha cobrado día con día mayor fuerza en el país, los efectos de su consumo son altamente perjudiciales, según muestra la investigación.

Los investigadores de la Facultad de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia señalan que en la década anterior, los accidentes mortales relacionados con el consumo de marihuana se triplicaron por conducir bajo la influencia de dicha droga. En la actualidad uno de cada nueve conductores que están envueltos en accidentes letales de tráfico daría positivo para la prueba de marihuana.

El coautor del estudio, el doctor Guohua Li, director del Centro de Epidemiología y Prevención de las Lesiones de la Universidad de Columbia, dice que si la tendencia de uso de marihuana continúa, en el transcurso de cinco o seis años las drogas serán de mayor uso que el alcohol, estando involucradas en la mayoría de muertes ocasionadas por conducir bajo influencia de alcohol o drogas.

Para la investigación, se estudiaron las estadísticas de accidentes entre 1999 y 2010 de seis estados que realizan pruebas toxicológicas a conductores que han estado involucrados en accidentes de coche con resultado fatal: Virginia Occidental, Rhode Island, New Hampshire, Illinois, Hawái y California, donde se incluyeron más de 23.500 conductores que murieron una hora después del accidente.

En comparación con el alcohol, este fue el responsable en un porcentaje similar de muertes de coche en toda la década, con un 40 por ciento. Lo que es importante de resaltar es que el porcentaje de muertes por accidentes de tráfico atribuibles a las drogas pasaron del 16 por ciento en 1999 al 28 por ciento en 2010.

En cuanto a la marihuana, pasó a ser responsable del 4 por ciento de los accidentes fatales de coche en 1999 al 12 por ciento en 2010, siendo la principal droga involucrada en el total de accidentes letales.

Si se combina la marihuana con alcohol, la mezcla aumenta el riesgo de muerte del conductor que al haber ingerido la mezcla asume el volante de su coche, siendo 24 veces más el riesgo de un accidente en coche, comparado con 13 veces al sólo haber ingerido marihuana.

La marihuana afecta la capacidad de conducir coche de manera muy similar al alcohol, afectando la visión y el juicio, haciendo que las distracciones copen la atención del individuo con más facilidad y que tome riesgos al estar conduciendo.

Los resultados de la investigación aparecen en la revista American Journal of Epidemiology en su edición en línea del 29 de enero.



Un estudio advierte que el consumo de alcohol en la universidad podría agravar los síntomas de trastorno por estrés postraumático (TEPT), creándose un círculo vicioso donde uno conduce al otro.

Los hallazgos sugieren que los estudiantes universitarios que padecen TEPT tienen mayor propensión a beber más alcohol que quienes no padecen de la enfermedad, empeorando los síntomas con lo que beben más.

El TEPT es un trastorno de ansiedad que se adquiere al haber presenciado o experimentado un evento aterrorizante, en el cual se presentan ataques de ira, pesadillas y recuerdos vívidos. El 9 por ciento de los estudiantes universitarios en Estados Unidos sufren TEPT.

La investigadora principal, Jennifer Read, profesora asociada de psicología de la Universidad de Búfalo, señala que el período universitario es importante, ya que se presentan importantes cambios en el desarrollo y el riesgo de consumir empedernidamente alcohol es latente, el cual se relaciona con incidentes de violencia interpersonal, lesiones graves y abuso sexual que al final desencadenarán TEPT.

Para la investigación se hizo seguimiento a 500 estudiantes durante tres años de universidad. Los hallazgos del estudio se encuentran en la revista Journal of Abnormal Psychology.



Un estudio reciente muestra que las salas de emergencias no están realizando control riguroso del abuso de antibióticos en los pacientes adultos que acceden a los departamentos de emergencias, aún cuando a nivel nacional en Estados Unidos se ha tratado de evitar el uso innecesario de estos fármacos para prevenir que el organismo cree resistencia a los fármacos.

Investigadores de la Universidad de Alabama, en Birmingham, analizaron datos a lo largo y ancho del país, recolectados entre 2001 y 2010, encontrando que no se dio reducción del uso de antibióticos en emergencias para tratar infecciones del tracto respiratorio, como la bronquitis y la sinusitis, donde dichas infecciones fueron provocadas por virus, donde dichos fármacos no son efectivos.

Sin embargo, en los pacientes menores de edad que fueron tratados por infecciones respiratorias, el uso de antibióticos sí se redujo en el período estudiado.

Para el período comprendido, se encontraron 126 millones de visitas a sala de emergencias a nivel nacional, conformando el 10 por ciento de todas las visitas ambulatorias.

El coautor del estudio, el doctor John Baddley, profesor asociado de la división de enfermedades infeccionas, señala que aunque los hospitales han creado políticas para la buena gestión de los antibióticos recetándolos adecuadamente a los pacientes, la reducción del uso de los mismos no se ha observado como se esperaba.

Por su parte, el doctor Henry Wang, también coautor de la investigación y vicepresidente de investigación del departamento de medicina de emergencia, señaló que con los resultados encontrados se puede indicar que los esfuerzos por controlar el uso inadecuado de antibióticos han sido de poca efectividad y que las políticas al respecto no han sido implementadas en todos los ámbitos médicos.

Los resultados del estudio aparecen en la revista Antimicrobial Agents and Chemotherapy, en su edición en línea.



Un reporte dado por médicos de Colorado muestra vínculo entre la marihuana sintética y el aumento de casos que llegan a emergencias en los hospitales relacionados con su uso. El año pasado 263 personas tuvieron que acudir a tratamiento de emergencia en dicho estado, en el transcurso de un solo mes.

El doctor Andrew Monte, profesor asistente de medicina de emergencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, en Denver, señaló que a finales de agosto pasado, se notó que algunos pacientes llegaban a emergencias en estados graves por uso de marihuana sintética, con delirios, resistencia al cuerpo médico para ser atendidos, alteración del pulso y convulsiones. Incluso, siete casos tuvieron que ser llevados a la unidad de cuidados intensivos para que estuvieran en respiradores ante su incapacidad de respirar por sí mismos. Todos los pacientes en cuestión sobrevivieron.

Según Monte, las cifras de pacientes con problemas puede ser mayor, teniendo en cuenta que no toda persona que se enfermó al usar marihuana sintética acudió al hospital, sino que permaneció en casa, esperando que los síntomas pasaran, especialmente si no eran tan graves. Inclusive, algunos pacientes ingresados, pudieron no ser preguntados sobre si usaron drogas, o simplemente no quisieron admitirlo, por lo que estuvieron por fuera de la estadística.

El aumento repentino de los casos se reportó en la revista New Engrand Journal of Medicine en la edición del 23 de enero y en la revista Morbidity and Mortality Weekly Report de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos en su edición del 13 de diciembre.

Colorado no ha sido el único estado del país que ha observado un incremento en las intoxicaciones relacionadas con el uso de marihuana sintética.

La marihuana sintética se vende bajo nombres como Black Mamba, Crazy Clown, K2 y Spice en gasolineras y tiendas de parafernalia de marihuana. Es un material vegetal seco pulverizado junto con sustancias psicoactivas creadas en laboratorio para imitar el ingrediente activo de la marihuana, el THC. Los expertos dicen que no tiene nada de natural, por el contrario es un producto químico, parecido a la metanfetamina.



Un estudio determinó que los conductores que han bebido alcohol pero registran un nivel por debajo del límite legal permitido son responsables de muchos accidentes mortales, por lo que no se puede estimar que haya algún nivel de alcohol seguro en sangre antes de conducir.

Debido a lo anterior, los investigadores consideran que es necesario que las leyes sobre consumo de alcohol sean actualizadas para reflejar este hecho.

Para la investigación se examinaron más de 570.700 accidentes de coche con resultado letal ocurridos en Estados Unidos entre 1994 y 2011, mostrando mayor énfasis en los conductores que tenían un nivel de alcohol en sangre entre 0,01 y 0,07 por ciento, con lo cual se muestra que el conductor consumió alcohol, sin que llegara a estar ebrio; pasado el umbral del 0,08 por ciento, la persona se considera ebria.

Se encontró que los conductores que tenían un nivel de alcohol del 0,01 por ciento tenían un 46 por ciento más de propensión a ser culpables en un accidente donde chocaron con conductores sobrios, según determinó el estudio dirigido por David Phillips, sociólogo de la Universidad de California, en San Diego.

Conductores que presentan un nivel de alcohol en sangre entre 0,01 y 0,07, frecuentemente no tienen un castigo más severo que aquellos conductores sobrios que han tenido accidentes de tráfico, ya que para jueces, policía y público en general, el nivel de 0,08 marca una frontera clara de ebriedad y por esto las sanciones no son duras con niveles inferiores a este.

Con los datos obtenidos, según Phillips, se respalda la campaña de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico Vial en la que se promueve que conducir habiendo consumido alcohol es conducir borracho, así como la iniciativa de la Junta Nacional de la Seguridad del Transporte de reducir el límite legar de alcohol en sangre al 0,05 por ciento. Más de cien países tienen fijado el límite legal de alcohol en sangre en 0,05 por ciento e incluso menos.

Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Injury Prevention, en su edición en línea.






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