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20th

El lado femenino de las drogas

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El lado femenino de las drogas

El ‘Proyecto Dona’ es una terapia especializada en mujeres drogodependientes
Las terapias, ayudas a la integración y actividades están dirigidas a ellas
Se reúnen una vez al mes y han formado una ‘pequeña familia’

Marga tiene 46 años, es madre, adicta a las drogas y acaba de iniciar una lucha por recuperar su vida que comparte otras 30 mujeres que integran el “Proyecto Dona”, un club donde, una vez al mes, se dan el respiro de ser ellas mismas.

La droga, los malos tratos, maternidades truncadas, la cárcel y las familias rotas son algunos de los dramas que marcan la existencia de estas treinta mujeres que han sido capaces de reunir la fuerza de voluntad suficiente como para acudir a alguno de los programas contra la drogadicción que ofrece en Mallorca Proyecto Hombre.

En este club, los nervios de las primeras veces se abandonan y son sustituidos por las risas, las conversaciones cómplices y la amistad que les permite solapar un poco las dificultades de tener que recomponer su vida.

A diario conviven con hombres, que son mayoría en todos los talleres, cursos y terapia, pero sus necesidades son tan distintas que su integración y recuperación se convierte en un reto mucho más alto que para ellos, se agudiza la sensación de soledad, la autoestima se hunde y la meta de salir de la droga se complica.

Ellas son minoría
“En un grupo donde hay 32 hombres y seis mujeres es natural que ellas se sientan cohibidas. El ambiente está muy masculinizado -dado el que el problema es mayoritariamente masculino- y los programas están pensados más para ellos que para ellas”, explica Pepa Aguiló, una de las coordinadoras y fundadoras del “Proyecto Dona”.

Ser mujer y drogadicta es como rizar el rizo: sufren más trabas a la hora de realizar terapias que, a menudo suponen pruebas de gran dureza, y su reinserción social es más dramática porque el mercado laboral es para ellas como un muro de cemento y su realidad suele ir acompañada de hijos y responsabilidades familiares.

Además, según comenta Pepa Aguiló, su percepción de la vida y del futuro es más negativa que la de los hombres que están llevando a cabo terapias contra la droga “porque han sufrido más en su etapa de drogodependiente, se han marginado y humillado hasta niveles impensables y tienen poca formación”.

Para tratar de solventar este escalón de desigualdad que, por propia naturaleza, separa a hombres y mujeres drogodependientes, Proyecto Hombre ha desarrollado su lado femenino -Proyecto Dona- y ha dado una vía de escape a la sensibilidad de sus usuarias creando lo que ellas definen como el lugar que las deja ser como son.

Proyecto Dona nació en 2002, pero no ha sido hasta ahora que se ha desarrollado de tal manera que el equipo de cinco personas que coordina las terapias se ha planteado hacer un balance y una revisión global del mismo para consolidarlo. Ese será su principal reto para 2010: analizar y ampliar su servicio.

Una familia
El éxito está comprobado: “los días se me pasan pensando en que llegue el mes siguiente para que vuelva Proyecto Dona, allí me siento cómoda, hacemos cosas que nos gustan a nosotras, hay una enorme sensibilidad, somos como una pequeña familia”, relata Marga, que lleva ocho meses ya participando en estos encuentros.

Asegura que estas citas mensuales con las otras compañeras le han servido para ser mejor persona y para ser consciente de que su vida, aún habiendo sido muy dura, no ha sido ni la mitad de dramática que la de otras. “He visto en ellas lo que de verdad es el dolor, yo debería sentirme afortunada”, afirma.

La intimidad de este club de mujeres les permite abrirse y dar rienda suelta a sus pensamientos, a sus sufrimientos y preocupaciones, al igual que a sus ganas de vivir. Marga lo resume diciendo que, de cada reunión, lo que una se lleva son “la sonrisa y la melancolía”.

Cada mes, según la coordinadora del proyecto, se hace una actividad distinta, se organizan talleres de manualidades, de belleza, de psicología, de sexualidad, de maternidad y de todo aquello que ellas consideren que merece la pena: “ellas proponen todo el rato, son incansables”, bromea Pepa Aguiló.

No obstante, ninguna necesita demasiado para ser feliz ese día al mes, les basta con poder estar juntas un rato, reconoce Marga, que guarda un especial recuerdo del último encuentro: “nos fuimos a una terraza a tomar un chocolate, estábamos todas allí, como si nada, mirando la gente pasar. Fue estupendo”.

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